Hoy en día, los jugadores de Grandes Ligas se mueven en grandes órbitas, recibiendo elogios. Johan Santana lo acaba de hacer. Todos lo hacen. El proceso es señal de los tiempos.

Pero aún se reconocen los jugadores que se identifican con un uniforme. Hay honor para los jugadores que echan raíces, sea en su ciudad natal o en una adoptada.

En esa categoría, encabezando la lista de lanzadores que esperan ser reconocidos, está un hombre quien - a muchos - nos hizo reír la primera vez que escuchamos su nombre.

Los Bravos de Atlanta canjearon a un diestro veterano, Doyle Alexander, por un muchachito llamado John Smoltz. Era un apellido que sonaba raro, provocando risas entre los jugadores.

Ese 12 de agosto de 1987, la transacción rápidamente fue clasificada como uno de los mejores canjes en la historia - para los Tigres de Detroit. Estaban a 1.5 juegos detrás de Toronto en el Este de la Liga Americana y desesperadamente necesitaban un brazo veterano para la puja final.

Alexander terminó la temporada con foja de 9-0 para los Tigres, quienes terminaron con 98 triunfos, pasando a los Azulejos.

Mientras tanto, Smoltz estaba terminando la temporada con foja de 4-10 y efectividad de 5.68 en Doble-A Glens Falls.

El gerente general de los Bravos responsable del canje fue criticado sin cesar. Se le deben muchas disculpas.

Su nombre es Bobby Cox.

Años después, Cox recordó las circunstancias del canje que eventualmente transformó a los Bravos de un equipo que perdió 90 partidos a una dinastía que él mismo dirigió como piloto:

"Smoltz era el muchacho que teníamos que adquirir. En aquel entonces, no era más que un muchacho con un buen brazo. Te puedes imaginar como lo calificarían en Doble-A, con un récord pésimo y regalando boletos. Pero cuando veías su lanzamiento en recta, su curva, su habilidad atlética y su edad, no importaba".

Podríamos preguntarle a Bobby cómo resultó el canje. O podríamos esperar hasta que John Smoltz sea elegido al Salón de la Fama en Cooperstown.

"Para mi, él va", dijo Cox a principios de la temporada del 2007. "Fue dominante como abridor y dominante como taponero. No hay muchos lanzadores que han hecho eso. Y tiene (15 victorias) de postemporada - no muchos lanzadores han logrado tanto como él".

A las credenciales de Smoltz, pronto añadiremos 3,000 ponches - algo que pocos, muy pocos lanzadores han logrado.

Quince otros, para ser exactos. Todos están en el Salón de la Fama, con excepción de Bert Blyleven y cinco otros que aún están lanzando: Randy Johnson, Curt Schilling, Pedro Martínez, y quizás Roger Clemens.

Para añadir drama al guión, sólo dos han ponchado a 3,000 rivales por un sólo equipo: Walter Johnson (1907-1927, Senadores de Washington) y Bob Gibson (Cardenales de San Luis 1959-1975). Ninguno de esos otros 15 dejó su empleo de abridor para un turno extendido en el bullpen.

Hasta el momento, Smoltz ha hecho 34 por ciento de sus 704 actuaciones de por vida como relevista, del 2001 al 2004 cuando fue el cerrador de los Bravos.

Como todo lo que ha hecho desde que se unió a los Bravos definitivamente el 23 de julio de 1988, Smoltz lo hizo excepcionalmente bien. De hecho, nada de lo que se pueda decir de este hombre resume su impacto como el siguiente dato:

El es el dueño del record de más triunfos (24) y más salvados (55) en una temporada en la historia de Atlanta. También tiene más juegos salvados (154) y ponchotes que cualquier otro lanzador en la historia de la franquicia.

Ambos récords deberían excluirse mutuamente. Las breves apariciones de los taponeros modernos descarta la posibilidad de acumular muchos ponches. El otro abridor exitoso que también se hizo sentir como cerrador, Dennis Eckersely, acumuló 1,600 ponches como abridor antes de convertirse en taponero. Eckersely ingresó al Salón de la Fama con un total de 2,401 ponches.

A diferencia de Eckersely, Smoltz regresó a la rotación en el 2005. Desde que regresó a la rotación el 5 de abril del 2005 ha demostrado una consistencia impresionante, compilando foja de 47-24, pero también ha expuesto su brazo a los desgastes de los cuales había huido cuando buscó refugio en el bullpen.

Aún ahora, que se acerca a otro hito, Smoltz lanza con un hombro lastimado que la da espasmos o calambres. "La buena noticia es que he podido tener éxito".

En verdad, la mejor noticia es que hemos podido continuar viendo y admirando a un jugador que hace 20 años, sólo nos hacía reír.