(Kathy Willens/AP)

Desde hace un buen tiempo ha ido subiendo el estándar para los relevistas, pero Mariano Rivera sigue siendo el modelo a seguir.

Con su juego salvado 500 de por vida, el panameño ha alcanzado un sitial tan exclusivo que hay un solo ocupante más. Ese es Trevor Hoffman de los Cerveceros de Milwaukee, cuyo repunte este año ha sido tan impresionante que no se le puede descartar los 600 rescates en algún momento. Pero por ahora volvamos a lo de Mariano y los 500.

El acumular 500 salvamentos significa algo más que un éxito personal. En el caso de Rivera, esos juegos salvados fueron parte íntegra del éxito de los Yankees de Nueva York. Rivera fue el cerrador para los títulos de los Mulos de 1998 al 2000, y fue el taponero en 11 años consecutivos en unos Yankees que llegaron a postemporada.

No es coincidencia el éxito de un cerrador y la calidad correspondiente de su equipo. Cuando se le preguntó al ex manager de los Mulos, Joe Torre, sobre el éxito de su equipo en la ruta, contestó que, "En la ruta con Mariano, no tememos el cierre del noveno."

Como de costumbre, Torre estaba en lo correcto. Con Rivera, sea en casa o en la ruta, los Yankees esencialmente acortan el juego.

El cierre del noveno no luce tan difícil cuando la oposición tiene que enfrentarse a uno de los mejores cerradores del juego. Un 92% de éxito en oportunidades de salvamento sería excelente para una temporada, pero eso lo ha logrado Rivera durante toda su carrera.

En toda la historia del béisbol, el rol del cerrador es algo relativamente nuevo. La fórmula para determinar qué constituye un juego salvado, elaborada por el fallecido periodista Jerome Holtzman, lleva unas cuatro décadas nada más.

Entonces, el evaluar la labor de estos especialistas ha sido un arte en evolución. Hay que ver el tiempo que duraron los relevistas Bruce Sutter y Rich "El Ganso" Gossage para ser elegido por fin al Salón de la Fama. En su apogeo, estos dos derechos eran bien dominantes, pero Sutter estuvo 13 años en la boleta y Gossage nueve antes de recibir los votos suficientes.

En un momento parecía que tal vez 300 juegos salvados sería el número mágico. Ahora dicha cifra nos luce bastante humilde, pero Sutter, Gossage y los demás de su época muchas veces lanzaban dos innings o más para lograr un juego salvado. El cerrador contemporánea rara vez tiene que sacar más de tres outs para completar su labor.

500 ... y contando
Con su juego salvado 500 de por vida -- todos con los Yankees -- Mariano Rivera está segundo en la lista de todos los tiempos, detrás de Trevor Hoffman, quien registró 554 de sus rescates con los Padres.
Lugar
Pitcher
Salvamentos
PCL
Mayoría con:
El primero en:
1.T. Hoffman5712.76Padres1993
2.M. Rivera5002.31Yankees1996
3.L. Smith4783.03Cachorros1981
4.J. Franco4242.89Mets1984
5.D. Eckersley3903.50Atléticos1975
6.B. Wagner3852.40Astros1996
7.J. Reardon3673.16Expos1979
8.T. Percival3583.17Angelinos1995
9.R. Myers3473.19Cachorros1987
10.R. Fingers3412.90Atléticos1969

Pero Hoffman y Rivera han redefinido la idea de un cerrador Salón de la Fama. Cuando Hoffman llegó a los 500 de por vida en el 2007, esa cifra se convirtió en un estándar de excelencia, pero era tan alta que parecía ser territorio para uno solo. Pero Rivera, aún acercándose a los 40 años de edad, no parece haber perdido mucho.

Lo que separa a estos dos grandes casi todos los demás es su consistencia, temporada tras temporada. Son muchos los que ponen buenos números durante una temporada o dos, y que luego desaparecen. Hay otros que tienen grandes campañas seguidas por otras mediocres, y luego repiten el ciclo. Hoffman y Rivera se han destacado de los demás.

En cuanto al tema de quién es el cerrador más grande de todos los tiempos, Rivera tiene una ventaja clave sobre Hoffman. El panameño ha tenido la oportunidad de lanzar como taponero estelar en 11 postemporadas. De su parte Hoffman, con los Padres durante la mayor parte de su carrera, ha tirado en apenas cuatro playoffs.

Rivera lleva 34 juegos salvados en postemporada, con efectividad de 0.77. La gente aún habla del noveno inning del Juego 7 de la Serie Mundial del 2001, cuando los Diamondbacks le anotaron dos carreras para derrotar a los Yankees. Pero tanta sorpresa por esa falla demuestra lo acostumbrados que estaban todos a que Rivera resolviera.

De esa forma, la carrera de Rivera ha sido sin igual.

De paso, el panameño ha hecho de la recta cortada un lanzamiento de leyenda, aunque nadie ha llegado ni cerca de su éxito con dicho pitcheo. Su boleto a Cooperstown se hizo hace mucho tiempo, pero el salvamento 500 representa un número redondo para su obra. Y junto a lo que ha hecho Hoffman, pone un estándar en el rol de cerrador difícil de alcanzar.