SAN FRANCISCO -- Los logros individuales de Miguel Cabrera en el 2012 ya son cosa de leyenda: La primera Triple Corona de bateo desde 1967; un nuevo récord de 17 juegos seguidos bateando de hit en Series de Campeonato; y una marca de embasarse en sus primeros 21 partidos de postemporada vistiendo el uniforme de los Tigres de Detroit.

Mucho más se podría destacar de las hazañas individuales del venezolano. Pero en estos momentos, lo que más le urge al oriundo de Maracay es coronarse campeón de la Serie Mundial por segunda vez en una carrera de 10 años en Grandes Ligas.

"Pienso que en lo colectivo hemos hecho un buen trabajo", dijo Cabrera, quien fue parte de la corona conquistada por los Marlins como novato en el 2003. "Todo lo que hemos hecho no existiría de no ser por lo colectivo."

Cabrera, de tan sólo 29 años de edad a pesar del tanto tiempo que lleva en la Gran Carpa, ha sido una máquina de producción en el mejor béisbol del mundo.

En sólo una de sus nueve temporadas completas en Grandes Ligas ha conectado menos de 30 cuadrangulares, mientras que desde el 2004 apenas dos veces ha terminado con promedio de menos de .300.

Los números son abrumadores, culminando este año y .330, 44 bambinazos y 139 impulsadas, líder por supuesto en dichos departamentos del Joven Circuito. Y ni hablar de cómo ha arrasado en categorías como porcentaje de embasarse, slugging y, por ende, OPS (también líder de la Americana en el 2012 con .999).

De por vida Cabrera batea .318 con 321 jonrones, 386 dobles, 1123 empujadas y OPS de .956.

Desde el 2008, el coach de bateo de Detroit, Lloyd McClendon, ha tenido la oportunidad de ver de cerca el brillante talento de Cabrera.

"Tiene un don que no se puede enseñar", dijo McClendon. "Tiene la habilidad de ver la bola salir de la mano del pitcher. Antes yo decía lo mismo sobre Barry Bonds (con quien jugó McClendon al principio de la década de los 90 bajo el actual manager de los Tigres, Jim Leyland). Nosotros vemos un televisor Trinitron de 13 pulgadas, mientras que él ve uno de 60 pulgadas y de alta definición.

"Es lo mismo con Miggy", continuó el instructor. "Él ve el juego un poco diferente que el resto de nosotros. Ve la bola salir un poco más lento que el resto."

McClendon, al igual que todo el mundo, queda maravillado al apreciar los ajustes que hace Cabrera sobre la marcha en la caja de bateo.

"Es bien inteligente", dijo. "Sabe lo que (el pitcher contrario) le está tratando de hacer y hace esos ajustes en el trascurso de un partido."

AJUSTE NADA FÁCIL CON EL GUANTE
Algo que a veces pasa desapercibido cuando se habla del histórico 2012 de Cabrera es su traslado de la primera base a la tercera para acomodar a Prince Fielder, luego de cuatro años seguidos jugando en la inicial.

Muchos peloteros no hubiesen podido hacer el cambio a esta altura de sus carreras; además, se podía pensar dicho ajuste afectaría su rendimiento al bate. En ambos casos, al venezolano le salieron las cosas a pedir de boca.

Cabrera no fue el mejor tercera base de la Liga Americana ni el de más alcance, pero sí justificó el traslado con un trabajo adecuado en la tercera almohadilla que acompañó su actuación ofensiva.

Algo importante, según Cabrera, fue la confianza que le tenía Leyland para volver a defender la antesala.

"Él siempre creyó que yo podía trabajar duro para jugar en la tercera", dijo Cabrera. "Dependía de mí ir a la tercera y jugar bien. Él me dio la confianza, creía que podíamos tener un buen lineup (con la adición de Fielder en la primera) y ahora estamos en la Serie Mundial."

DE NOVATO EN ASCENSO A SUPERESTRELLA
Hace nueve años, Cabrera fue una sola pieza de un equipo de los Marlins que sorprendió a los Gigantes, Cachorros y Yankees para coronarse campeones. Con tan sólo 20 años, dio tres jonrones en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional vs. Chicago y conectó uno más ante Nueva York en el Clásico de Otoño de aquel 2003.

Ahora participa en la Serie Mundial como una superestrella y la amenaza principal del ataque felino contra los Gigantes, con un amplio historial en octubre.

"Me ayuda la experiencia que tuve en el 2003 y los juegos de playoff del año pasado", dijo Cabrera, quien llegó al jueves con promedio de .282, nueve jonrones, 28 empujadas y OPS de .917 en 38 juegos de por vida en postemporada. "Todos los años en las Grandes Ligas nos ayudan a hacer un buen trabajo durante esta serie. Esperemos que pasen muchas cosas buenas."