Joe Torre.

NUEVA YORK -- Perdido en medio de la dialéctica sobre las ausencias de luminarias en el Clásico Mundial de Béisbol, está el rompecabezas medular que se debe armar de cara a un torneo con formato corto y en el que un mero parpadeo provoca un resultado nefasto.

¿Cómo ganar el título?

Para entenderlo hay que mirar el ejemplo de Japón, el campeón de las dos ediciones que se han disputado hasta ahora, en 2006 y 2009.

Lo primero que se destaca sobre los equipos japoneses, convocados con jugadores de sus ligas profesionales, es la ardua preparación a la que se someten.

Su pretemporada suele comenzar antes que la de las Grandes Ligas en Estados Unidos y la intensidad de las prácticas raya en lo frenético desde su inicio.

Por eso, a la hora de señalar un favorito, Japón es el candidato.

Y Joe Torre, el manager de Estados Unidos, lo tiene bastante claro al resaltar las virtudes de "disciplina" y "motivación" con la que encaran el compromiso.

"Rara vez cometen errores", dijo Torre, quien intentará llevar al país que concibió el Clásico a su primera final. "No importa el deporte, el equipo que menos errores hace es al que mejor le va".

Torre es un dirigente con amplia experiencia de postemporada en las mayores, con cuatro campeonatos de Serie Mundial ganados en los Yanquis de Nueva York, por lo tanto la suya es una voz con autoridad.

"Japón ha sido el mandamás (del Clásico) las primeras dos veces, pero en una serie corta, y en esto he tenido la fortuna de haber estado tanto en el bando victorioso como en el bando derrotado, cualquier cosa puede pasar", afirmó.

Este libreto ha sido aprendido de memoria por los japoneses, que vencieron a Cuba en la final de la primera edición en 2006 y luego a Corea del Sur tres años después.

Ahora se presentan a la tercera edición con un plantel en el que no hay un solo pelotero de Grandes Ligas. La salvedad es Kaz Matsui, un infielder que se regresó a Japón tras actuar en las mayores entre 2004-10. Nadie llora por la ausencia de Ichiro Suzuki o Yu Darvish.

Ponga énfasis en la configuración del Clásico, subrayando concepto de "torneo corto", como opinó el dirigente de Puerto Rico, Edwin Rodríguez.

"Es un béisbol de mucho fundamento, sin grandes figuras establecidas en Grandes Ligas, pero que depende mucho de ese juego en equipo, que el pelotero se sacrifique, que adelante corredores", dijo Rodríguez. "Equipos como Japón y Corea del Sur han demostrado que ese tipo de béisbol gana en este tipo de torneo".

Otro concepto que Rodríguez destaca es que el aficionado común se deja llevar con ver las nóminas para buscar nombres rutilantes, pensando que el Clásico abarca seis meses.

"Esto es un torneo, no una temporada de 162 juegos", indicó Rodríguez.

El manager de Puerto Rico confía que una carta a favor de su equipo es que muchos de sus integrantes vieron acción en la pelota invernal, mientras que varias de las grandes estrellas de Estados Unidos, República Dominicana y Venezuela recién se ponen a tono.

"Tres cuartas partes de los jugadores de Puerto Rico estuvo activo con una temporada completa de invierno, hasta (el receptor) Yadier Molina jugó dos semanas en Puerto Rico. Y eso nos va a beneficiar mucho", añadió.

El manager de Japón Koji Yamamoto avisó que el pitcheo será fundamental ante lo que prevé serán partidos que se definirán estrechamente. Kenta Maeda y Masahiro Tanaka son mencionados como el próximo Darvish.

"Las carreras serán un lujo, lo cual significa que hay que silenciar a los rivales".

También menciona la importancia de la versatilidad, con infielders y jardineros que pueden cubrir diversas posiciones.

La otra clave es saber manejar las restricciones que tendrán los lanzadores, que en esta ocasión será inclusive más estrictas.

Los pitchers no podrán pasar de los 65 lanzamientos por salida en la primera ronda, 80 en la segunda y de 95 en la etapa final. En 2009, los límites eran de 79, 85 y 100.

"Hay que abrir con strike, el más mínimo descontrol frustra la tarea", advirtió Ismel Jiménez, el pitcher cubano señalado para abrir en el debut contra Brasil el domingo.